El agua
Jose Ceballos, Rafael Rodríguez, Javier Tejada

El desarrollo de políticas medioambientales amalgama aspectos científico- técnicos con otros de tipo político, legal, social y económico. Un problema derivado de esta multilateralidad es que la producción de conocimiento científico, necesario para abordar con eficacia las cuestiones medioambientales, requiere tiempos mayores que el corto plazo de las agendas políticas; a esto se suma la falta de cultura científica de los gestores políticos y la escasa valoración que estas actividades tienen en el currículum de los científicos. Sin embargo, la escasez de agua en determinadas zonas del planeta es un problema tan global y acuciante como el control de las epidemias, las hambrunas, las desigualdades económicas o la polución.

Se prevé que el cambio climático modificará los ciclos del agua, favoreciendo a unas zonas y perjudicando a otras. De aquí la importancia de poseer unas infraestructuras de gestión del agua adecuadas para estas zonas.

Investigaciones realizadas por la Unión Europea indican que los ciudadanos y los gestores perciben el asunto de un modo distinto a los científicos. En general, en la sociedad existe una notable falta de impacto y de comprensión del trabajo científico, que puede tardar varias generaciones en ser asumido. Los científicos investigan los fundamentos de la naturaleza y la sociedad para evaluar el impacto de las decisiones no sólo a corto sino, también, a medio y largo plazo, pero el punto de vista de los ciudadanos se basa en valores culturales y en una tradición en el uso del agua que, normalmente, les impiden reconocer la importancia de la investigación científica, así como el carácter político de la asignación de recursos hídricos; o la importancia de considerar por separado las consecuencias que las decisiones en la gestión del agua tendrán para hombres y mujeres (las consideraciones de género, y la sostenibilidad social en general, aún son ignoradas en muchos proyectos de investigación, pese a haber dado un buen resultado donde se han tenido en cuenta).

Así, se concluye que los modelos de gestión del agua deben estar de acuerdo con las prioridades especificas de la nación y, a la vez, complementarse con la situación y capacidades de cada lugar, ser cuidadosos con el impacto a corto plazo y dar importancia a la comunicación, en especial a la sensibilización de las mujeres.

La progresiva incidencia del cambio climático hace que la investigación de estos modelos sea de especial interés para todos los países mediterráneos, que, además, pretenden integrar un espacio económico común. Como en otras, en el área del Mediterráneo se requiere generar una mayor concienciación del papel que desempeñan la ciencia y la tecnología en el Desarrollo Sostenible de la Región. Para ello es necesario que la información fluya entre las partes interesadas, como las instituciones de los diferentes ámbitos relacionados con la gestión del agua, los medios de comunicación, los usuarios finales y la ciudadanía en genera.

En España los debates sobre la gestión de los recursos hídricos se apoyan en pretensiones de propiedad territorial, muy ligadas a la reivindicación política. Sin embargo, que cada territorio pugne por el control del agua, además de provocar el enfrentamiento entre regiones, se opone a los modelos, más racionales, de gestión por cuencas, en los que España es pionera. Falta información pública sobre el impacto de los diferentes modelos y, sobre todo, poner fin a la mala gestión y al falso precio del agua, por debajo de las leyes de mercado, que influye negativamente en la percepción que los usuarios tienen del valor de este recurso.

Para ayudar a entender y valorar el consumo del agua, y su relación con la pobreza y la desigualdad en el mundo, se ha desarrollado el concepto de agua virtual. El agua virtual es el agua necesaria para producir una cantidad de alimento: un kilogramo de arroz equivale a 1000 litros de agua virtual y un kilogramo de carne de buey, a 10.000. Este coste de producción no está reflejado en el precio, de modo que un país que exporta alimentos está explotando sus recursos hídricos en favor de otros. Esta dinámica contribuye al empobrecimiento de algunos países, que deberían recibir ayudas que compensasen su esfuerzo y posibilitasen un desarrollo sostenible y necesario para que haya paz social. Europa es una gran importadora de agua virtual.

En España es urgente establecer un diálogo abierto en el que las partes interesadas y los expertos puedan compartir conocimiento, ponerse de acuerdo y dar respuesta a los problemas del agua en la agricultura, la industria y el comercio, así como crear las pautas de un desarrollo urbanístico acorde con la gestión sostenible de los recursos hídricos: limitación de la trama urbanizable, optimización del consumo, gestión de aguas residuales, etc.

Desde el punto de vista de las competencias de GISME, hay dos temas en los que se podría incidir a través de proyectos concretos:

  • Ayudar a la sensibilización colectiva en la ciudadanía de la región mediante una serie de mecanismos de información, participación cultural, económica y tecnológica en todo lo referido al agua.
  • Hacer propuestas de mecanismos de participación y herramientas para la prevención o encauzamiento de los conflictos derivados de la competición por el control de los escasos recursos hídricos entre las distintas regiones, y el acceso al agua por parte de distintos sectores productivos. Es particularmente importante la sensibilización popular sobre la necesidad de preservación de los “derechos” de los espacios húmedos, tales como riberas de río, lagunas, humedales y otros.

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